No recuerdo otra boda donde todos, absolutamente todos los invitados, llorasen de emoción en la ceremonia como en esta. Y mira que he asistido a muchas.
Jordi y Mercé impregnaron todo el día, no solo la ceremonia, de cariño, amor, sentimientos a flor de piel y una entrega total a que todo fuese perfecto, y vaya si lo fue. Incluso una fiera tormenta rozó la finca pero respetó la fiesta, como no queriendo estropear un día redondo.
Tanto el lugar de la ceremonia, el Santuari de Sta. María del Foix, como el de la fiesta ( una finca familiar de turismo rural ) Masia Can Teulera, eran el contexto idóneo. Sencillos, pero con historia y diferentes.
Jordi y Mercé nos demostraron como una boda para recordar no depende de lujos ni ostentaciones, sino de emociones sinceras.
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